Casi toda empresa tiene algo: un antivirus, respaldos configurados alguna vez, una VPN, contraseñas que se cambian de vez en cuando. Cada pieza se instaló en su momento, por una razón válida, y quedó funcionando.
Lo que casi ninguna empresa tiene es una mirada completa y ordenada de si todo eso sigue haciendo su trabajo. El antivirus que dejó de reportar hace ocho meses. Las cuentas de tres personas que ya no trabajan ahí. El respaldo que nunca se probó restaurar. El proveedor externo con acceso permanente que nadie recuerda haber autorizado.
Ninguno de esos puntos se ve desde adentro, porque nadie los está mirando en conjunto. Y cuando se descubren, normalmente es porque ya ocurrió algo.